“SANOS EN CRISTO: CUANDO EL CORAZÓN ES RESTAURADO, LA VIDA CAMBIA”

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La historia de los dos caballos, como se ve el enfermo con una carreta libiana y como se persive un percheron jalando una carreta con cochero y una novia en la espalda.
Genesis 4:9 LBLA
9 Entonces el Señor dijo a Caín: ¿Dónde está tu hermano Abel? Y él respondió: No sé. ¿Soy yo acaso guardián de mi hermano?
La Biblia revela que Dios nunca usa a un hombre enfermo para destruirlo, sino para sanarlo y enviarlo. Cristo no llamó perfectos, llamó heridos, confundidos, temerosos, culpables… pero los llamó para sanarlos, no para dejarlos como estaban. La sanidad no es solo física; es del alma, de la mente, de la identidad. Por eso la Escritura dice:
“Él envió su palabra y los sanó, y los libró de su ruina.” — Salmo 107:20
La Palabra sana porque revela quién es Dios y quiénes somos nosotros en Él.

1. ¿POR QUÉ ES IMPORTANTE SER SANOS EN CRISTO?

Un hombre sano en Cristo sirve con gozo. Un hombre enfermo sirve desde la herida, la culpa o la victimización. Cristo sana porque nuestra vida y destino dependen del estado del corazón:
“Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida.” — Proverbios 4:23
Sin sanidad del corazón, el talento se convierte en carga; la responsabilidad se vuelve peso; y el servicio se transforma en resentimiento.
Pero cuando Cristo sana, la identidad se realinea, la mente se renueva, y el espíritu se fortalece.

2. ¿CÓMO SOMOS SANOS EN CRISTO?

a) Por la Palabra que confronta y restaura

Hebrews 4:12 LBLA
12 Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que cualquier espada de dos filos; penetra hasta la división del alma y del espíritu, de las coyunturas y los tuétanos, y es poderosa para discernir los pensamientos y las intenciones del corazón.

b) Por la presencia del Espíritu Santo

2 Corintios 3:17 “Donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad.”

c) Por la confesión y la rendición

1 John 1:9 LBLA
9 Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonarnos los pecados y para limpiarnos de toda maldad.

d) Por caminar en obediencia

Juan 15:3 “Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado.”

3. ¿POR QUÉ LA PALABRA DE DIOS SANA?

La Palabra sana porque:

a) Revela la verdad que rompe mentiras

La mentira enferma. La verdad libera. Juan 8:32 — “Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.”

b) Muestra a Cristo, que es sanador por naturaleza

Isaías 53:5 “Por su llaga fuimos nosotros curados.”

c) Ordena lo que está desordenado en el alma

Salmo 19:7 “La ley de Jehová es perfecta, que convierte el alma.”

d) Renueva la mente herida por el pecado

Romanos 12:2 “…transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento.”

4. LA DIFERENCIA ENTRE UN HOMBRE SANO Y UN HOMBRE ENFERMO

Un hombre sano sirve. Un hombre enfermo se siente usado.

Ejemplo 1 — JUDAS: EL HOMBRE QUE SIRVIÓ SIN SANIDAD

Judas vio milagros, escuchó enseñanzas, estuvo cerca de Jesús… pero nunca permitió que Jesús sanara su herida interna. Su corazón estaba lleno de ofensa, de victimización y de ambición.
Por eso, por sentirse víctima y no valorado, tomó las 30 monedas.
La herida lo llevó a traición.
Cuando no permitimos que Cristo sane nuestras heridas, interpretamos el servicio como carga y la iglesia como demanda.

Ejemplo 2 — SANSÓN: EL HOMBRE QUE ABUSÓ DE LA MISERICORDIA

Sansón no estaba sano; estaba confiado en sí mismo, acostumbrado a la fuerza, adicto al aplauso, y convencido de que Dios siempre lo iba a rescatar.
Jueces 16:20 “No sabía que Jehová ya se había apartado de él.”
Sansón confundió misericordia con permiso.
Un corazón enfermo presume sobre Dios; un corazón sano depende de Dios.

Ejemplo 3 — JONÁS: EL HOMBRE QUE SE CREÍA VÍCTIMA

Jonás no quería obedecer porque se sentía víctima de una misión que no quería.
Su enojo revela un corazón sin sanar:
Jonás 4:1-3 — “Se enojó en gran manera… y deseó morirse.”
El problema no era Nínive. Era su resentimiento interno.
Un hombre enfermo rechaza el llamado cuando no coincide con su preferencia.

Ejemplo 4 — GEDEÓN: EL HOMBRE SANADO QUE SALIÓ DE LA CUEVA

Gedeón entró a la historia como un hombre temeroso, escondido, inseguro, derrotado por su pasado y su familia.
Pero cuando Dios lo llama, le habla sanidad de identidad:
Jueces 6:12 “Jehová está contigo, varón esforzado y valiente.”
Aquel que veía a un campesino temeroso, Dios veía a un guerrero.
La Palabra lo sanó. La presencia lo fortaleció. La obediencia lo levantó.
Un hombre sano sale de la cueva con identidad, trata la batalla como del Señor y actúa con fe.

5. MARCAS DE UN CREYENTE SANO EN CRISTO

Sirve con gozo, no por obligación.
No interpreta la corrección como rechazo.
Vive desde la identidad, no desde la herida.
Camina en obediencia y dependencia.
Resuelve conflictos con madurez.
Ve la iglesia como familia, no como una carga.
Ama la Palabra porque sabe que lo mantiene libre.
Proverbs 12:15 LBLA
15 El camino del necio es recto a sus propios ojos, mas el que escucha consejos es sabio.
Proverbs 9:8–9 NTV
8 Por lo tanto, no te molestes en corregir a los burlones; sólo ganarás su odio. En cambio, corrige a los sabios y te amarán. 9 Instruye a los sabios, y se volverán aún más sabios. Enseña a los justos, y aprenderán aún más.
Psalm 73:24 LBLA
24 Con tu consejo me guiarás, y después me recibirás en gloria.
Matthew 5:22 LBLA
22 Pero yo os digo que todo aquel que esté enojado con su hermano será culpable ante la corte; y cualquiera que diga: «Raca» a su hermano, será culpable delante de la corte suprema; y cualquiera que diga: «Idiota», será reo del infierno de fuego.

6. CONCLUSIÓN: CUANDO CRISTO SANA, TODO CAMBIA

Judas nunca sanó, y terminó destruido. Sansón nunca sanó, y perdió su fuerza. Jonás nunca sanó, y perdió su alegría. Gedeón sí sanó, y Dios lo levantó como libertador.
La diferencia no está en el llamado. Está en el corazón sanado.
Cristo vino a restaurar al hombre completo, no solo a salvarlo del infierno. Un corazón sano sirve mejor, ama más profundo, obedece con alegría, y vive con propósito.

Oración final

“Señor Jesús, sana nuestras heridas profundas, renueva nuestra mente y restaura nuestra identidad en Ti. Que tu Palabra convierta nuestra alma, que tu Espíritu traiga libertad, y que podamos servirte con un corazón completo y renovado. Líbranos de la victimización, del orgullo y del resentimiento. Haznos como Gedeón: hombres y mujeres que salen de la cueva sanos, seguros y listos para la batalla. En el nombre de Jesús. Amén.”
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